miércoles, 26 de octubre de 2011

San Telmo


¿Diez años? ¿Ocho tal vez? ¿Qué importa cuántos tenía? Solo tengo un vago recuerdo de una tarde de paseo por San Telmo. No se cómo ni por qué nos metimos en una casa para ver la construcción y la ví por dentro. Rústica, calma, casi artesanal. De madera, reluciente, perfecta. Casi te diría que las luces eran amarillas y que los adornos eran propios de una casa de artesanos. Pero qué se yo, tanto no recuerdo. En realidad recuerdo poco y lo poco que recuerdo lo pienso desde acá, lejos de esa niña que entró a la casa. Lo único que se es que por algo recuerdo esa casa y que cuando tenía esa edad que no se cuál fue, me imaginé utópicamente como lo que ahora pienso sería una hippie. Una persona tranquila, profunda, interesante, con sandalias de cuero y estilo para vestir. Claro, no me refería a una hippie sucia, despeinada y drogada con trapos lisérgicos sino más bien una bohemia, en una casa de madera con sahumerios. Eso para mi es la paz y hoy me acordé que ese sentimiento, el que me inspiró esa casa, es el que me han despertado a lo largo de mi vida las personas de las que me enamoré. Tal vez tenga que ver con que son quienes además contribuyen a que un día me convierta en esa imagen utópica que una vez aluciné. Sin quererlo ni planearlo ya que muy lejos estuvo mi cabeza de pensar en esa imagen los años posteriores a esa casa, esa paz es la que busco y la que anhelo. Creo que no pido tanto. Es casi la misma paz que me puede inspirar un tema de Tracy Chapman. 

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